Después de mucho tiempo con ganas de escribir algo, por fin me decido a volcar unos pocos párrafos tristes a la red. Será Crema sonando de fondo o este porro que me sube y se consume entre mis manos, la verdad es que prefiero ignorarlo, al igual que estoy ignorando cualquier tipo de opinión que pueda suscitar en las cabezas de los que sé que me leen, y por supuesto de los que lo hacen en secreto.
Sólo es una forma más de expresarse, de imaginar o de lamentar. Una vía de escape junto a la música que me hace sentir un poco mejor cuando las cosas no paran de salirme mal, una detrás de otra. Cuando fracaso estrepitosamente en lo que me propongo o en hacerme demasiadas ilusiones.
Pero esta vez quizás sea diferente. Poco a poco noto que me empiezo a querer más, casi como debería. Y no es cuestión de orgullo, tampoco de egocentrismo. Tomo el mando, las cosas no son para tanto, las cosas no son al menos fuera de mi cuarto, y dentro todo es demasiado.
Echando la vista atrás obvio que he crecido como persona, que por muchas tonterías que diga hay temas en los que no te queda más remedio que madurar. Que ya he pasado por esto más veces, sabes? Conozco esta sensación, la de escribir un principio de cuento que te va atrapando, convirtiéndose en tu peor pesadilla. Son demonios con cara de ángeles que te hacen creer que merece la pena sufrir por amor. Y pueden tardar más o menos tiempo en adquirir su verdadero aspecto, pero para cuando ese momento llega ya es demasiado tarde.
Aun así, creo que no me voy a andar con más comparaciones, el dolor es igual de crudo bajo cualquier apariencia. La sensación de ver cómo una persona tras otra te va decepcionando a lo largo de tu vida te hace cerrarte cada vez con mayor frecuencia, aunque ese es un tema que ya traté publicaciones atrás. Y me pregunto por qué existe una parte de mí que piensa que con esta especie de terapia de hablar conmigo misma se va a solucionar algo. Que me hago preguntas sin respuesta, como por qué las personas cambian cuando más las necesitas.
Siendo sincera, nunca me ha importado demasiado la opinión de la gente por el simple hecho de que nunca me ha importado demasiado la gente en general. A día de hoy existen pocas personas que me importen de verdad, pero es mejor así, porque sólo esas personas tienen el poder de hundirme. Yo misma se lo he dado porque lo he considerado así y eso que cada vez cuesta más arriesgarse de esa manera.
Por eso mismo es por lo que, habiendo encontrado a la persona con la que tengo por primera vez esa seguridad de compartir mi vida, me decepciona a un nivel enorme ver cómo me hace tanto daño con sus palabras. No necesito palabras bonitas, pocas veces son ciertas, aunque puedes decirlas dulces por si te toca tragártelas algún día. Lo que necesito son palabras sinceras que no se salgan del marco del respeto.
Y ya van cuatro días sumergidos en la nada absoluta. No es orgullo, repito. Algo en mí se ha dado cuenta de que no me merezco aguantar en la cuerda floja a diario, que ya he recibido demasiadas hostias antes, y a pesar de ello, de cualquier mierda pasada, te he dado lo mejor de mí.
Cuando te conocí había perdido cualquier esperanza de que alguien me mereciera la pena. Ni siquiera quería pensar en la idea de engancharme a alguien hasta el punto de darle todo el poder sobre mí, mi estado de ánimo y las decisiones que tomo. A pesar de todo, vi algo en ti que me hizo volver a creer que existía una posibilidad, que tenía una mínima oportunidad de ser feliz junto a otra persona y no sólo por mí misma. Recuerdo la primera vez que te vi y me cuesta mantener mi entereza delante de la pantalla. Ahora eres tan diferente que estoy acojonada. No sé quién eres, qué queda en ti de ese chico tímido, dulce y retraído que no se atrevía a besarme, que le temblaban las manos cuando me acariciaba y tenía tanto miedo como yo de enamorarse. Que me hizo cambiar la forma de ver las cosas y quererle más que a mi propia existencia.
A lo largo de estos veinte meses siempre me he estado convenciendo de que cada pelea, diferencia o discusión no es más que otro obstáculo que nos hace más fuertes; lo he escrito tantas veces que me lo sé de memoria. Y puede que más de un problema nos haya resultado positivo, no puedo generalizar. Lo cierto es que ahora comprendo que existen palabras que no debemos decirnos sea cual sea la situación. Que las parejas fuertes discuten para hallar una solución, no para tratar de degradar y hundir moralmente al otro... Somos débiles. Tú nos has hecho débiles y por eso ahora tenemos que pasarnos el día preguntándonos qué va a ser de nosotros.
Si pudiera pedir un deseo, cualquiera, definitivamente sería que me quisieras como antes. Que si no me importaras no estaría aquí esperando una señal, no seguiría teniendo la esperanza de que te dieras cuenta de todo ni creería en un final feliz.
Nunca he querido darlo todo por perdido ni rendirme sin más porque creo que la forma en la que conectamos desde el principio no fue de casualidad. Mi única duda es si tú estás dejando que todo se eche a perder por el mero hecho de querer saber lo que hay fuera, o cómo es aguantar a alguien diferente a mí. O mejor. Desde el principio, ese ha sido mi mayor miedo, y me gustaría saber qué se pasa por tu cabeza algunas veces... Pero si de algo estoy segura es de que no vas a conectar nunca con nadie así, ni nadie te va a querer de esta manera. Y lo sabes.
También sabes que eres mi debilidad, que te quiero, he hecho más por ti que por nadie y lo único que necesito a cambio es que me trates como me merezco. Te parece demasiado?
Creo en nosotros, creo que podríamos ser perfectos, eternos, infinitos... Si tú quisieras abrir los ojos, ver que no se echa de menos algo hasta que se pierde, y que yo no quiero perderme.
Pero el cambio está en tus manos, siempre lo ha estado.
Pero el cambio está en tus manos, siempre lo ha estado.