"Vivir esperando que algo llegue, o que llene." rezaba esa canción de Crema que a ratos vuelvo a escuchar. Y me vuelvo a identificar. Y me dejo llenar tanto que reboso, y huyo. Y es que para mí sois como la canción que descubres de casualidad tomando cervezas en un bar, que cantas todo el día e incluso te pones de despertador, y a la semana siguiente ya no puedes ni escuchar. Que te quema. Y piensas "bueno, a otra cosa". Pues qué asco doy. Que me he quedado atascada en este patrón de "Chica conoce a chico, se gustan, van a cenar, follan, desayunan, vuelven a follar, se van, se vienen, duermen. Gritan, ríen, cantan. Se encantan. Chica se agobia, pierde el interés. Chico no entiende a esa loca del coño. Chica desaparece. Fin.". Y ninguno es feliz ni come perdices. Mierda.
Estoy tan vacía que ya no me soporto ni me importa. Tan rota que nadie es suficiente. Y qué bonito es cambiar, y qué triste hacerlo tan para mal. Y mirar alrededor y ver gente que se enamora, se desenamora, se ilusiona. Igual que hacías tú antes de la tormenta. Y es que no sabes salir de los "no quiero nada serio" que acaban jodiendo al resto, que ni está roto ni lo merece. Que sigues drogándote con los míticos revolcones de una noche que te ayudan a dormir. Que estás atrapada en el insomnio de los incomprendidos -pero es que a mí ya me comprendieron una vez y fue un malentendido-. Y la cama se te hace más grande que el Sáhara cuando nadie se enfrenta contigo a los espejismos. Y ruedas, y cada noche cambias de dirección sin dejar de ser de piedra. Y te preguntas por qué, o en qué puto momento te arrebataron esa capacidad de sentir algo más que las descargas de un orgasmo, y si algún día encontrarás el mapa que te ayude a desenterrarla... Y yo sólo espero que para entonces siga ahí.