Volver a esta ciudad ha sido tan inevitable como equivocado. Sí, solía volver cada dos semanas... Pero siempre con planes en la cabeza, de paso por mi cama con cualquier borrachera de por medio. Y el otro día, el 21 de diciembre, entré por la puerta cargada de apuntes, jerseys bonitos y alcohol, y te juro que se me acabó el mundo. El aleatorio me puso Paradise Circus y la maleta se me resbaló de las manos. Me quedé ahí, sola, petrificada en el centro de la habitación, y todo me empezó a absorber de una manera casi violenta. Miré a las paredes y mi mente volvía a pegar nuestras fotos delante del escritorio, en el corcho, en la estantería... Y en la ventana se reflejaban tus ojos negros, tu mirada penetrante, casi acusadora. Y se me doblaron las rodillas y se me nubló la vista, y como si fuese una marioneta me dirigí a la puerta del armario que llevo meses sin abrir. Y sí, estabas ahí. Esas putas fotos estaban ahí con frases tuyas en el reverso. Frases tan falsas como "siempre serás mi chica panda", o simplemente "te quiero". Llegué hasta a leer "Cuando te sientas triste, piensa en mí". Y joder, pensé en ti. Y me puse más triste, y volví a pensar en ti, y así estuve un rato en el suelo, rodeada de recuerdos que no me dejaban respirar, sin saber qué hacer. Así hasta que me sonó el móvil y llegaba tarde, para variar. Volví a guardarte en ese armario que no me he vuelto a atrever a abrir, me lavé la cara y salí a la calle con mi "mejor" sonrisa. Y creí que se había acabado.
Pero hay cosas que nunca se olvidan, sólo cambian de lugar en la memoria, y sí. Llevo más de una semana recorriendo Toledo recordándote en algunos rincones, aunque te supero rápido si no estoy sola y me llenan la cabeza de burbujas, pero definitivamente no hay nada peor que llegar a esta casa y verte en cada maldita esquina. Vernos comer pizza carbonara en la cocina, follar en el salón, fumar verde en el patio... Y girar la cabeza, subir las escaleras y verte salir de la ducha con mi albornoz rosa, entrar a mi habitación y encontrarte abrazado a mis peluches y desear ser esa mezcla de perro y gato que se pierde entre tus tatuajes. Y exploto tan fuerte que rompo la barrera del sentido, y en días como éste en los que no quiero salir de la cama me hago cachitos muy pequeños y espero que vengas a recogerlos. Busco alguna señal en tus muros, leer entre líneas o entre fotos desnudas que tú también te rompes a veces, y que te sientes igual de raro estas navidades tan secas y a la vez tan pasadas por lágrimas. Pero claro que no. Siempre es el mismo vacío y la misma soledad que no me deja en paz, y ya me empiezo a dar asco, yo y toda esta atmósfera que me construí de pequeña y que ahora te pertenece por mi culpa, como todo lo que me atraviesa. Y la verdad es que me sobran las ganas de coger el primer autobús a Madrid y buscar un hombro que me deje inconsciente al menos esta noche.