lunes, 30 de diciembre de 2013

Noches toledanas

Volver a esta ciudad ha sido tan inevitable como equivocado. Sí, solía volver cada dos semanas... Pero siempre con planes en la cabeza, de paso por mi cama con cualquier borrachera de por medio. Y el otro día, el 21 de diciembre, entré por la puerta cargada de apuntes, jerseys bonitos y alcohol, y te juro que se me acabó el mundo. El aleatorio me puso Paradise Circus y la maleta se me resbaló de las manos. Me quedé ahí, sola, petrificada en el centro de la habitación, y todo me empezó a absorber de una manera casi violenta. Miré a las paredes y mi mente volvía a pegar nuestras fotos delante del escritorio, en el corcho, en la estantería... Y en la ventana se reflejaban tus ojos negros, tu mirada penetrante, casi acusadora. Y se me doblaron las rodillas y se me nubló la vista, y como si fuese una marioneta me dirigí a la puerta del armario que llevo meses sin abrir. Y sí, estabas ahí. Esas putas fotos estaban ahí con frases tuyas en el reverso. Frases tan falsas como "siempre serás mi chica panda", o simplemente "te quiero". Llegué hasta a leer "Cuando te sientas triste, piensa en mí". Y joder, pensé en ti. Y me puse más triste, y volví a pensar en ti, y así estuve un rato en el suelo, rodeada de recuerdos que no me dejaban respirar, sin saber qué hacer. Así hasta que me sonó el móvil y llegaba tarde, para variar. Volví a guardarte en ese armario que no me he vuelto a atrever a abrir, me lavé la cara y salí a la calle con mi "mejor" sonrisa. Y creí que se había acabado.

Pero hay cosas que nunca se olvidan, sólo cambian de lugar en la memoria, y sí. Llevo más de una semana recorriendo Toledo recordándote en algunos rincones, aunque te supero rápido si no estoy sola y me llenan la cabeza de burbujas, pero definitivamente no hay nada peor que llegar a esta casa y verte en cada maldita esquina. Vernos comer pizza carbonara en la cocina, follar en el salón, fumar verde en el patio... Y girar la cabeza, subir las escaleras y verte salir de la ducha con mi albornoz rosa, entrar a mi habitación y encontrarte abrazado a mis peluches y desear ser esa mezcla de perro y gato que se pierde entre tus tatuajes. Y exploto tan fuerte que rompo la barrera del sentido, y en días como éste en los que no quiero salir de la cama me hago cachitos muy pequeños y espero que vengas a recogerlos. Busco alguna señal en tus muros, leer entre líneas o entre fotos desnudas que tú también te rompes a veces, y que te sientes igual de raro estas navidades tan secas y a la vez tan pasadas por lágrimas. Pero claro que no. Siempre es el mismo vacío y la misma soledad que no me deja en paz, y ya me empiezo a dar asco, yo y toda esta atmósfera que me construí de pequeña y que ahora te pertenece por mi culpa, como todo lo que me atraviesa. Y la verdad es que me sobran las ganas de coger el primer autobús a Madrid y buscar un hombro que me deje inconsciente al menos esta noche.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Lo he vuelto a hacer

Tengo entrada gratis a los infiernos ajenos y debo ser el mismísimo demonio, más que nada por la manera en que todo el mundo acaba huyendo de mí en cuanto me mira a los ojos y me ve un poco por dentro, o por fuera, qué sé yo. Una vez me dijeron que era tóxica, igual también lo soy. Lo que más dudo es si soy demasiado fácil de romper por lo en ruinas que estoy o porque me gusta lo de asustar siendo yo misma. Quizá un poco de todo, y hasta puede que justifique lo fácil que es reemplazarme por alguien mejor, más cuerdo y con menos heridas. Qué le voy a hacer, si se me acumulan y no dejan de sangrar, si nadie tiene cojones a parar los borbotones ni a bebérmelos...
He huido a este teatro que llaman Madrid, al menos de ti, pero nunca termino de rehacerme del todo. Caminando entre la multitud con la mirada perdida, yendo y viniendo casi de forma robótica, ahogándome en jarras de cerveza que no me dejan pensar con claridad. Sobreviviendo a base de besos que no le dan tregua a mis películas y despertando junto a causas perdidas que me curan temporalmente el insomnio, pero no las ganas de llorar. Tratando de competir al fin y al cabo por ser alguien para recordar o al menos para abrazar, pero ni en eso soy mejor que en aislarme, lo he vuelto a comprobar. Sólo soy un animal salvaje que se asusta de sí mismo y huye, pero es que aquí dentro son todo espejos y yo no paro de cortarme.

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Chained

Llevaba días dándole vueltas, y lo cierto es que no me quedé del todo convencida con mi última entrada, a eso de por qué soy tan yo con los tipos como tú. Y ayer pasó el día tan extraño, con tan pocas ganas, tan monótono... Hasta que me di una ducha y salir a despejarme entre risas y cervezas, y lo curioso es que hasta que no me despedí, hasta que no estuve sola en ese andén, el marcador marcó 10 minutos de espera parpadeando y resoplé con el alcohol recorriéndome, no lo vi claro. Ahí estaba delante de mí, hace ya mucho, pero yo nunca lo enfocaba. La insatisfacción, ese era y es mi problema. El no ser nunca suficiente, pero tampoco recibirlo. Pedir más y más a todo, a todos, y no encontrar nada que me calme. Mi autodiagnóstico me dicta que tengo como un agujero en el corazón por el que se precipita todo, sin filtro. Y el hecho de llevar años intentando sentirme llena de algo o de alguien no hace más que desgarrarlo, y así siempre, con esa exigencia que acaba desarmándolos a todos, haciéndoles tirar la toalla conmigo porque nadie puede ocupar del todo un lugar tan pequeño y tan roto. Me he distraído persiguiendo la historia perfecta que no existe, haciéndolo todo tan diferente pero tan misma mierda a la vez, por eso de que me cuesta callarme y no paro de exigir. Y suelo pensar que son ellos los que están demasiado vacíos como para contentarme... Si soy yo, que no sé encajar a nadie. Después de todo en algo tenías razón, igual no estoy hecha para ello, sólo para pasarme la vida drogándome con sucedáneos de felicidad, de amor incluso. Tirar piedras a lo que alguien se atrevió a construir conmigo y esconder la mano. Creerme mis propias películas y luego volver a quejarme y a perder la confianza en todo hasta que, pasado el tiempo de incubación reglamentario, a la mínima chispa le llame incendio. Y me queme por dentro un poco más, si es que no soy ya toda cenizas.

lunes, 2 de diciembre de 2013

Game over

Dijimos que nunca iba a acabar, pero en el fondo los dos lo sabíamos. Éramos como las olas rompiendo contra las rocas, y al final me rompí yo de tanto lanzarme a la aventura de tus ojos. Pero en silencio, sin despedidas, sin buscar un por qué ni un por quién, sólo dejando que la niebla se disipara como si nunca hubiese estado ahí, envenenándonos poco a poco. Y ahora tengo la sensación de que todo fue un mal sueño y de que nunca fuiste real, por eso de pasar de revivirme a sacarme de tu vida. Porque ahora mismo creo que todo fue una canción triste de estas que se interpretan de puta madre pero que no se sienten ni en la punta de la lengua, aunque te gustase tanto usarla. Y en fin, no sé ni qué hago escribiendo esto, pero no consigo encontrar el por qué por mis propios medios. No quiero volver, sólo saber de dónde he huido, de quién. Y si cuando te vas a dormir y miras ese corazón grabado en tu pared te acuerdas de que un día estuve ahí, y fuimos a secas. Y si soy la única que cuando se tropieza con una foto se revuelve por dentro, y se muere de rabia y de impotencia, más bien por haber pasado años sonriendo al lado de un completo desconocido, si es que nunca cambiaste, te limitaste a mostrarte poco a poco. Pero ya da igual, porque me queda todo muy grande y lejano, y ya no me vales ni para odiarte. Sólo para haber aprendido a enterrar ese poder de hundirme y no volver a dejarlo en las manos equivocadas. Supongo que sólo fuiste una borrachera barata y demasiado larga, aunque la resaca me traicione a veces y cree lagunas en los peores momentos, sé que nunca fui lo que querías que fuera. Y quizá por eso saliste a buscarlo y no volviste más, y yo me quedé intentando reanimar tu presencia cuando ya estabas a kilómetros de mí. Pero eso ya no importa, porque estas son las últimas líneas que te voy a regalar de mí, de mi vida, y anoche fue mi último insomnio a tu salud. Que sólo queda grabarlo aquí, y recordarlo cada vez que me pregunte qué coño nos pasó y remarcar que nunca mereciste la mitad de lo que fui contigo. Y que nunca más nadie. Sólo yo.