martes, 26 de febrero de 2013

Heartless

Alguna vez has llorado con una canción? Por el simple hecho de emocionarte, recordar a alguien o a algo? Y con una película? Con una foto, un olor? Con un recuerdo? Seguro que la respuesta a al menos alguna de esas preguntas es sí. Entonces sabrás lo que se siente al hacerlo con un sentimiento.

Pongamos que ese sentimiento es el de decepción. Pongamos que lo das todo de ti mismo por algo, incluso por alguien. Llamémoslo "sueño". Supongamos sólo por un segundo que estás dispuesto a dar tu vida por ese sueño, pero antes de llegar a ese extremo imaginemos que tu sacrificio a escala es invertir tu tiempo, tu esfuerzo y tu paciencia en ese sueño. Dar lo mejor de ti y compartir tus mejores momentos (triunfos, cumpleaños, alegrías...) con ese sueño. Seguir respirando por y para él. El sueño, claro.
Fantaseemos un poquito más. Pasa el tiempo, los segundos, los años, qué importa. La vida, sin más. Y resulta que ese sueño es capaz de dar al menos lo mismo que estás dando tú por él (el sueño, claro), puede que no de forma idéntica, pero a su manera. Y te ilusiona pensarlo, como cuando te cuesta mucho hacer algo y sabes que obtendrás unos resultados proporcionales. Y al principio no sucede nada. Pero sigues con tus ilusiones, sin prisas pero sin pausa en tu entrega. Y tampoco sucede nada. Pero tú, que comprendes que no hay que meterle prisa a las alegrías, continúas. Y sigues sin percibir una señal. Pero aún así confías, y confías, y confías, y aún no pasa nada, y "ya vendrá", y "estoy segura de que mañana", y "es que fijo"... Y llega un día, generalmente nublado, en el que te das cuenta de que no va a pasar nada. Que sólo has  recibido lo contrario a lo que has estado dando. Y eso, también llamado "nada", más que llenar, vacía.
Abres los ojos y te das cuenta de que siempre has estado solo en esta habitación. Que has dejado de lado el resto de sueños, has centrado tu vida en uno solo. Pero él (el sueño, claro) no parece haberse entregado  de esa manera tan incondicional tuya, al menos no contigo. Como si de tu mayor descubrimiento se tratase, te sorprende que ese sueño tenga mil motivos establecidos por delante de ti para no actuar en proporción. Vaya, él (el sueño, claro) es el centro de tu universo pero tú eres sólo un satélite girando irregularmente a su alrededor para él. El sueño, claro. Te has obsesionado en dar lo mejor de ti para recibir la nada absoluta, esa nada que saca lo peor de ti. Y ahora qué?
Ahora la nada te ha atrapado, se ha llevado tu alma y no te la va a devolver. Ahora no entiendes por qué tu eres capaz de hacer tantas cosas y él (el sueño, claro) no intenta ni la mitad.
Pongamos que estás enamorado hasta las trancas de ese sueño. Supongamos que por una milésima de segundo apartaras ese sueño de tu vida. No, no podemos suponerlo porque ese sueño en concreto no es posible apartarlo sin perder la vida. Igual que no se puede vivir sin corazón. O sí?

domingo, 10 de febrero de 2013

Son días

Más abajo dice que ya van 569 días. Se me hace irónico verlo después de tres días de oscuridad. Casi tanto como eso de sentirse solo en un lugar repleto de gente, que por mucho lo intenten, nadie te puede ayudar. Porque nadie te comprenderá nunca, nadie tiene ni puta idea de tu situación, como mucho pueden hablarte de antiguas experiencias similares... Y de qué sirve? De qué me sirve saber que tú lo pasaste peor o mejor que yo? Dime, en serio crees que sabiendo que todos solucionan sus problemas huyendo, voy tirar la toalla yo también?
A veces mi respuesta es "puede". Pienso de más las cosas, les doy vueltas, me recuerdan al pasado. Me vuelvo frágil y quebradiza cuando me dueles, siento que no puedo seguir adelante con nada porque me superas, toco fondo de manera violenta. Sólo tengo la necesidad de fulminar todo y hacer vida en la cama. Bueno, ni siquiera en la cama. Aunque ya no huela a ti, ni esté deshecha de amor, aunque ni siquiera tenga ya palomitas escondidas, me trae recuerdos de tu voz. Tu voz... Siempre me ha encantado tu voz, pero sobretodo la que te sale al hablar conmigo. O te salía cuando te dejabas escuchar...
Reconozco que tengo miedo. Tengo muchísimo miedo de que te olvides de mí, tal y como ha hecho la mayoría de la gente a lo largo de mi vida. Me acojona pensar que lo que nos une se puede romper en cualquier momento, me entra ansiedad de ver cómo se nos están torciendo las cosas, no puedo soportar ver cómo cada vez te alejas más de mí sin que se me escape al menos una lágrima rebelde que me pregunte el por qué de esta situación.

Y duele, y me dueles tanto que no te lo podrías ni imaginar, hasta tal punto que ser atravesada con un cuchillo dolería menos. Me mata no saber nada de ti, me mata tu asquerosa indiferencia y que me hagas daño a sabiendas. Y lo peor es que ni siquiera te vas a molestar en leer esto, ni te sentirás la mitad de hundido que yo, porque es desgarrador recordar todas esas veces que me has demostrado lo fácil que te resulta no verme, no escucharme, no buscarme, no cuidarme, no abrazarme. Pero joder, yo necesito un puto abrazo tuyo...

miércoles, 6 de febrero de 2013

Despierta.

Decidiste dejar de pensar, dejar de darle importancia a las cosas. Encerrarte en casa cuando llueve con la música a todo volumen para tratar de engañarte a ti mismo con la idea de que la culpa de que todo se esté inundando ahí fuera no es tuya. Bajar las persianas para evitar ver cómo me empapo de tus falsas promesas y palabras, y salir sólo cuando hace Sol y no hay previsiones de mal tiempo.
Qué diferente es este capítulo de la introducción. Es mirar fotos y recordar las sensaciones que teníamos en ese momento, sensaciones que intentan volver pero se quedan a mitad de camino porque sólo una mitad tira de ellas. La otra se limita a mirar...
Me he acostumbrado a ti, a nuestras cosas. Dejaste el listón tan alto cuando intentabas impresionarme que ahora que tienes toda mi atención te limitas a pintar ilusiones en el aire que pocas veces se cumplen. A veces incluso me las pinto yo misma con acciones anteriores de aliciente, o al menos me las pintaba, hasta que asumí que nada va a volver a ese punto. Que este libro sigue, pero cada capítulo pasado se va consumiendo entre mis dedos y no se puede volver a releer. Me quemo por dentro, pero da igual.
A veces me pregunto qué hago aquí. Ya no encuentro respuestas mirando al techo, a veces ni lo puedo entrever entre tantos pensamientos que me nublan la vista. Siempre nos han enseñado que la vida es constante cambio, que nos vamos deteriorando a cada segundo, a cada respiración, pero implica eso deteriorase también como persona?
Echo de menos muchísimas cosas, y me vengo sorprendiendo con otras nuevas. Y ya no es la distancia, no. Ya no es la edad, tampoco el tiempo. Eres tú qué has decidido dejar de darle importancia a las cosas. Caer en la rutina, olvidarte de cómo sacarme una sonrisa en los peores momentos. Simples detalles, pequeños, pero que te han hecho siempre tan grande. Dónde están? Me los llevé conmigo acaso el día que me marché a vivir a Madrid? O tú en la despedida? Dímelo, porque yo no los encuentro, y cada vez los noto más perdidos.
Suelo notar tus balas atravesando mi entereza. Disfrutas disparándome, quizás por venganza o por simple placer. Luego dejas pasar un tiempo y vuelves como si fueras tu gemelo bueno, regalándome coronas de oro pintado y castillos de plástico que serán vencidos con la mínima tormenta.
Y no, no me gustan las tormentas, porque siempre soy yo quien sale electrocutada, y vuelvo a reconstruir una y otra vez esos castillos en un intento de engañarme a mí misma. Algunas veces parece que estés hecho de mármol, frío, duro, calculador. Como una estatua. Y me das escalofríos.
Odio cuando me embarga esa sensación de que todo se está desintegrando y no puedo evitarlo. Es como tratar de atrapar pompas de jabón. Yo sólo quiero que vuelvan los buenos tiempos. No quiero dudar, no quiero que le digas lo mismo que a mí a todas. Quiero ser especial, ser diferente al resto de la gente para ti. Tú siempre lo has sido para mí. No quiero grandes regalos, grandes viajes ni nada por el estilo. Me conformo con que me des un poco de ti, yo te lo estoy dando todo de mí.  Quiero tener motivos para confiar, simplemente ser como antes. Que tu indiferencia me está matando, joder, despierta si no quieres que se vaya todo a la mierda. Despierta...