Pongamos que ese sentimiento es el de decepción. Pongamos que lo das todo de ti mismo por algo, incluso por alguien. Llamémoslo "sueño". Supongamos sólo por un segundo que estás dispuesto a dar tu vida por ese sueño, pero antes de llegar a ese extremo imaginemos que tu sacrificio a escala es invertir tu tiempo, tu esfuerzo y tu paciencia en ese sueño. Dar lo mejor de ti y compartir tus mejores momentos (triunfos, cumpleaños, alegrías...) con ese sueño. Seguir respirando por y para él. El sueño, claro.
Fantaseemos un poquito más. Pasa el tiempo, los segundos, los años, qué importa. La vida, sin más. Y resulta que ese sueño es capaz de dar al menos lo mismo que estás dando tú por él (el sueño, claro), puede que no de forma idéntica, pero a su manera. Y te ilusiona pensarlo, como cuando te cuesta mucho hacer algo y sabes que obtendrás unos resultados proporcionales. Y al principio no sucede nada. Pero sigues con tus ilusiones, sin prisas pero sin pausa en tu entrega. Y tampoco sucede nada. Pero tú, que comprendes que no hay que meterle prisa a las alegrías, continúas. Y sigues sin percibir una señal. Pero aún así confías, y confías, y confías, y aún no pasa nada, y "ya vendrá", y "estoy segura de que mañana", y "es que fijo"... Y llega un día, generalmente nublado, en el que te das cuenta de que no va a pasar nada. Que sólo has recibido lo contrario a lo que has estado dando. Y eso, también llamado "nada", más que llenar, vacía.
Abres los ojos y te das cuenta de que siempre has estado solo en esta habitación. Que has dejado de lado el resto de sueños, has centrado tu vida en uno solo. Pero él (el sueño, claro) no parece haberse entregado de esa manera tan incondicional tuya, al menos no contigo. Como si de tu mayor descubrimiento se tratase, te sorprende que ese sueño tenga mil motivos establecidos por delante de ti para no actuar en proporción. Vaya, él (el sueño, claro) es el centro de tu universo pero tú eres sólo un satélite girando irregularmente a su alrededor para él. El sueño, claro. Te has obsesionado en dar lo mejor de ti para recibir la nada absoluta, esa nada que saca lo peor de ti. Y ahora qué?
Ahora la nada te ha atrapado, se ha llevado tu alma y no te la va a devolver. Ahora no entiendes por qué tu eres capaz de hacer tantas cosas y él (el sueño, claro) no intenta ni la mitad.
Pongamos que estás enamorado hasta las trancas de ese sueño. Supongamos que por una milésima de segundo apartaras ese sueño de tu vida. No, no podemos suponerlo porque ese sueño en concreto no es posible apartarlo sin perder la vida. Igual que no se puede vivir sin corazón. O sí?