Me ha costado casi dos meses volver a entrar aquí, he tratado de huir de ti, de mí y de todo aquello en lo que me estaba convirtiendo. Me he perdido entre exámenes, fiestas y lados derechos de la cama. Estoy dejando de funcionar como un aeropuerto, ¿sabes? Por eso de no depender de si alguien llega o se va, igual que tú. Igual que aquella tarde llegué buscando esa descarga de sensaciones tan familiar, y comprendí que todo se había ido con el calor del verano. Que me he ido aislando de ti poco a poco y ya no puedo electrocutarme como antes. Nunca volveremos a despertarnos el vigésimo primer día del mes con las sonrisas pegadas, ahora lo entiendo. Y no sé si es bonito o triste haber tenido que equivocarme contigo para encontrarme de repente con la solución, y darme cuenta de que no soy la misma persona. Y no sé si lo que soy ahora es bonito o triste, sólo sé que ahora da la sensación de que todo está en mis venas, circulando en mi interior, retorciendo mis arterias... Que me conformo con bailar un rato con la felicidad que se escondía de mí hace un año. Y que ahora sólo somos dos extraños que una vez se miraron y sintieron algo. Y sí, eso fue bonito, y aunque después de quemarnos las cenizas de hoy sean tan tristes, son el punto y final de todo lo que fui contigo.