Hoy me he dado cuenta de lo caro que es el tiempo. De la forma en que nos pone contra la pared, nos da esos besos por el cuello que acaban en tragedia y cuando creemos haber tomado el control, despertamos y estamos solos. Mirando a la pared. Y nos damos cuenta de cómo perdimos el día anterior. Y el anterior. Y de cómo nos vendemos por trocitos de felicidad a corto plazo, de cómo ponemos excusas hasta que se acaba. Pero ya no tienes nada. Se te juntan el hambre y las ganas de dejar ir, de cómo rechazar algo que puedes tener y aceptar lo que nunca tendrás. Y este nudo en la garganta... Estas ganas de correr detrás que se me quedan en los labios y que luchan contra las ganas de huir del corazón. Los silencios. Las noches buscando señales en el gotelé que me encienden un cigarro cada vez que te pienso; los ojos cerrados, mojados, sin dormir. Las sirenas de policía ahí fuera que jamás te detendrían. Mi forma de enredarme porque sí, como los auriculares. Este torbellino en mi cabeza que no me deja avanzar. Y sus destrozos. Que más se perdió en Cuba me han dicho, pero cómo voy a pelear sola en una guerra de uno. Ya me he disparado suficiente entre los ojos mientras tú mantenías limpias tus armas. Las acariciabas igual que mi espalda, con esas dobles intenciones que nunca atendieron a razones. Instintos y soledad robada, aunque ahora me haya hecho con todo el motín. Y es que desde el principio supe el final, pero estaba demasiado ocupada poniéndome hasta arriba del presente.
domingo, 29 de junio de 2014
miércoles, 18 de junio de 2014
Bucles
Ya no sé qué hacer para que el mundo deje de girar a mi alrededor mientras yo sigo en pausa. Llevo un tiempo leyendo que una vez que termina algo que has sentido de verdad, te pasarás el resto de tu vida buscando cualquier cosa que te haga sentir igual. Como hacerte resistente a los efectos de una droga. No terminaba de creérmelo, pero puede que me dé miedo admitir que llevo casi un año en ese mundo que dejé atrás aunque ya ni exista. Vivir esperando que algo llegue o que llene. Crear un concepto de vida llena de baches que no se alejen demasiado uno de otro. Y creer y volverse a decepcionar, ya no por creer que no soy suficiente, si no porque nadie llega a serlo. Que no. Que los juguetes rotos no se venden bien. Y llorar noche sí y mañana también, sentirte fuera de lugar porque cada vez menos cosas te hacen sentir viva. Qué tóxica era esa sensación, pero y lo que me gustaba. A mí siempre me ha encantado ser masoca, dar más de lo que recibo. Ser gilipollas en general. Pero y qué. Sigo en la misma mierda que cuando me fui pero con un olor cambiante. Y tengo a mis espaldas repeticiones de la misma historia, de "todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo". Y todo lo que podría haber sido yo si no hubiera sido contigo. Puede que hasta feliz. O puede que alguien se hubiese encargado de lo contrario. Tampoco importa. Ahora mismo me siento como si me diese cabezazos contra una pared de cemento, como si tratase de guardar el viento en un bote. Estoy estancada y ni siquiera sé si quiero estar aquí, si esto es lo que quiero ser. Si merece la pena luchar tanto para no recibir respuesta. Si me he equivocado de tiempo, espacio y lugar o si soy un error en mí misma. Pero los días se van tachando en mi calendario y yo sigo aquí mirando al techo, fumando y matándome a canciones tristes. Porque creo que nací para ser triste.
sábado, 14 de junio de 2014
En cielo de nadie
Me despierto mareada, desorientada, oliendo a tabaco y alcohol barato. Las náuseas me hacen levantarme todo lo rápido que puedo y arrastrarme, tambaleando, hasta la puerta del baño. Cuanto menos ruido intento hacer, más fuerte me parece que suena todo, pero al fin llego y mi cuerpo trata de eliminar todas las penas que ahogué anoche. Respiro hondo y me miro al espejo para encontrarme con un chinote de grandes dimensiones en la camiseta, arañazos, ojos rojos, pelo enredado y un sabor en la boca que en conjunto me dan ganas de seguir vomitando. Aún así, me hace un poco de gracia hasta que empiezo a recordar el día anterior. Y es ahí cuando empiezo a sentirme estúpida por momentos. Y joder, resulta que las penas no se habían ahogado. Que sigo siendo la misma bala que disparaste al cielo pero nunca regresó; se quedó en las nubes pensando que subirías a buscarla y esperó tanto que al final esas nubes la atraparon. Y aquí estoy sin nada que perder, intercambiando minutos por excusas. Creyendo que alguien puede querer ser conmigo, si ya no me soporto ni me importa. Vendiéndome por orgasmos que hacen el papel de morfina cuando no puedo aguantar el roce de mis trozos por dentro, que ya me cansé de intentar unirlos. Me limito a autoconvencerme de que el que no quiera joderme en el buen sentido, al final lo hará en el malo. Bendita suerte la mía, o bendita predilección por las personas tóxicas, qué se yo. Lo único que tengo claro es que por mucho que se me repitan las historias, nunca le cogeré el truco a lo de no dejarme romper.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)