Podría pasarme las noches admirando el gotelé, cigarro en mano y cualquier fantasma en mente. Y no saber si pensar en qué o quién, o si pensar a secas. O ver 500 días juntos en bucle y convencerme de que todo lo que me parece bonito se suele quedar en triste, pero siempre lo veo tarde, como sus señales (de humo). Como si viviera una felicidad a medias paralela a todo el que me ocurre alrededor, como este porro que me sube y me seca los ojos. Y se me ponen verdes, así que su teoría no era cierta. Pero nadie lo es. Ni siquiera yo soy ciertamente lo que se espera de mí. Que a mí lo que me gusta es que su sudadera me cubra medio culo, y el otro medio sus ojos. Salir a quemar Madrid y arder entre sus dedos. Karaokes. Cervezas de nombres impronunciables medio vacías, pero vasos medio llenos de intenciones. Canciones que me saquen a bailar sin decir nada, que me acerquen un poco más a algo, que no me obliguen a dejarme morir en los baños de una discoteca. A chocarme por dentro, odiarme y quererme sin romper nada. A ser lo que quiera, pero no sólo yo. Y a dejar de luchar por un sitio que lleva meses ahogándome, que nunca ha sido para mí, del que no me dejan irme. Que esa boca era mi salida de emergencia.
martes, 15 de abril de 2014
martes, 8 de abril de 2014
Harder
Que a mí también se me pone la piel de gallina cuando me susurran palabras rotas al oído, a mí también me molestan los días de lluvia sin mantita y peli, y me dan tanto miedo los relojes que nunca se paran pero separan como que se me enganchen los piercings en algo, o en alguien. Tarde como siempre, que correr por sus vías ya no me sirve. Sólo madrugadas de locos, rotos de nuevo, que sustituyen varias veces a la semana la almohada por abrazos ardiendo como clavos, pero sin dirección. Sólo respirar los minutos de algo que no te haga sentir tan horrible porque ya no tienes corazón. Tienes alma y con eso te sobra para convencerme de que me quede a tomar las últimas decisiones contigo, que sabes que me ponen las decepciones y odio que me ilusionen. Y que me doy cuenta de que a mí no se me quiere queriendo, y entiendo todo un poco más fuerte, como cuando te limitas a ignorar esa cicatriz que pica porque está curando, no vaya a dejar marca y la liemos. Y te dejes liar, no como este humo que se escapa entre mis dedos, creyéndose libre. Como si alguien pudiera serlo, de sus impulsos y de las cremalleras desgastadas de tanto bajar al infierno. A quemarnos o a dejar cenizas, lo de siempre. Pero a mí antes acuérdate de colgarme un "nada serio" en las pestañas, no vayas a hacerme reír de verdad y nos liemos, que los nudos salen fatal y yo no me pienso romper más.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)