domingo, 29 de junio de 2014

Disparos.

Hoy me he dado cuenta de lo caro que es el tiempo. De la forma en que nos pone contra la pared, nos da esos besos por el cuello que acaban en tragedia y cuando creemos haber tomado el control, despertamos y estamos solos. Mirando a la pared. Y nos damos cuenta de cómo perdimos el día anterior. Y el anterior. Y de cómo nos vendemos por trocitos de felicidad a corto plazo, de cómo ponemos excusas hasta que se acaba. Pero ya no tienes nada. Se te juntan el hambre y las ganas de dejar ir, de cómo rechazar algo que puedes tener y aceptar lo que nunca tendrás. Y este nudo en la garganta... Estas ganas de correr detrás que se me quedan en los labios y que luchan contra las ganas de huir del corazón. Los silencios. Las noches buscando señales en el gotelé que me encienden un cigarro cada vez que te pienso; los ojos cerrados, mojados, sin dormir. Las sirenas de policía ahí fuera que jamás te detendrían. Mi forma de enredarme porque sí, como los auriculares. Este torbellino en mi cabeza que no me deja avanzar. Y sus destrozos. Que más se perdió en Cuba me han dicho, pero cómo voy a pelear sola en una guerra de uno. Ya me he disparado suficiente entre los ojos mientras tú mantenías limpias tus armas. Las acariciabas igual que mi espalda, con esas dobles intenciones que nunca atendieron a razones. Instintos y soledad robada, aunque ahora me haya hecho con todo el motín. Y es que desde el principio supe el final, pero estaba demasiado ocupada poniéndome hasta arriba del presente.

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