miércoles, 14 de enero de 2015

Ven.

Recuerdo que cuando era pequeña un dolor de garganta me bastaba para no salir de la cama en todo el día. Para esconderme, huir de la realidad. Esperar a que después de comer alguien llamase para decirme todo lo que me había perdido en el recreo. Y perdía. Pero un día me dije que no perdería más. Y aunque ser valiente no es sólo cuestión de suerte, a mí me ayudó bastante. Y después de todo aquí estoy en medio de la Toscana y joder, me siento imparable. Que los límites sólo existen si te los pones tú mismo, y yo empiezo a olvidarlos. Y a usar los ojos para algo más que ver. Observar, sentir y disfrutar todo aquello que siempre ha estado ahí, conmigo, pero nunca he sabido apreciar. Ni merecer. . Que yo hace un año seguía a la deriva y choqué con bastantes icebergs. Contigo. Me hundí, subí, bajé y volví a flotar. Y así hasta hace unas semanas, que he pisado tierra. Tu playa. Y qué bien sienta volver a casa. Esta sensación que ya no recordaba. Y qué agridulce volver a Florencia con ella. Un poco tuya y de nadie. Qué sé yo, que quiero un aquí y ahora que me explique estas ganas de morderte aunque todo vaya en contra. Que después de años de tira y afloja, igual el equilibrio no es tan imposible. Que igual nosotros no somos imposibles

No hay comentarios:

Publicar un comentario