jueves, 30 de mayo de 2013

Nunca hago nada, y así nada se queda sin hacer

Al final va a ser verdad que sólo me sale sentarme a escribir cuando me dueles; cuando no lo haces no tengo ojos para otra cosa, y claro. Así me va, escribiendo cosas tristes una vez al mes cada vez que se esfuman las sonrisas. A veces incluso más de una, pero esos días en los que ni salgo de la cama no existo para nadie.
Hoy iba a ser uno de esos días. Esta mañana he abierto los ojos con dificultad, totalmente confusa sobre quién era, dónde estaba y por qué. Tengo bonitos recuerdos de la noche de ayer, recuerdo reírme mucho, beber, fumar, bailar. Olvidar. Gente a mi alrededor por todas partes... Y de repente lluvia, frío, carreras bajo la lluvia... Llegar a casa y preguntarle a tu fantasma por ti. Y no obtener respuesta. Y agobiarme, y gritarle sin parar buscando la manera de que me diera señales de amor -no de vida, hace tiempo que le dejé de dar importancia a la mía- y quedarme sorda del silencio que reinaba. Dejarme caer en la cama, perder la consciencia.
Y después de todo eso, encontrarme al despertar con un ejército de desconfianzas, negatividad y odio -al parecer llevaban días esperándome- que carga contra mí como si estuviera viviendo mal. O viviendo, sencillamente...
Y yo me pregunto por qué recojo tempestades sin haber sembrado vientos, o por qué a secas. Creo que la respuesta se llama dependencia emocional. He leído esas palabras en varios sitios y bueno, creo que doy el perfil. Es irónico, porque el resto de mi vida nunca he dependido de nadie en ningún ámbito, sin contar a mis padres. No suelo escuchar a nadie porque nadie me escucha nunca, y puede que la clave esté ahí, en cuando me escuchabas. La verdad es que hablar conmigo misma nunca ha estado tan mal, pero claro, ahí entraste tú. Durante un tiempo. Ahora no me quedo ni yo misma para sacarme adelante.
Estoy cansada de darlo todo y que sólo cuenten mis errores, aunque a veces ni siquiera lo sean. Para ser sincera hay pocas cosas de las que me arrepienta, y hacerte daño está entre ellas. Pero nunca ha importado demasiado mi sinceridad, ni mis esfuerzos por ser alguien mejor. Creo que he fracasado emocionalmente al quedarme estancada en esta dependencia que me va absorbiendo lo poco que me queda de cordura, y quizás también de dignidad.
¿Que si es bueno? Puede, pero no hasta este extremo tan apático y solitario. En algunas ocasiones ni siquiera reconozco a la propia causa de esta dependencia, no me creo a nadie ni a nada. ¿Qué rondará por esa mente cuando recibe un mensaje mío, cuando comparto mis deseos y mis miedos? En mi opinión, cada vez más indiferencia. Y me uno a esa indiferencia tan bonita que está enamorada de mí, que me sonríe entre sueño y sueño, y me pierdo entre toda esa música electrónica de moda, hasta que al llegar a casa no me quedo ni yo misma y me rompo. Me canso hasta de repetírmelo, de admitir una y otra vez que no soy capaz de tomar las riendas de mi vida, pero ya da igual. Es un hecho. Sólo me sale dejarme llevar por el humo que se escapa entre tus dedos.

1 comentario:

  1. Sé que nací ayer, pero una mujer me hizo envejecer de repente
    y desde entonces ni un amanecer me vió sereno
    Y un demonio en cada esquina dijo: 'Obedeceme'
    y volví a ser esclavo del veneno
    ¡Venceremos! nena, por tí por mí hoy rezo
    desde que empiezo el día con un bostezo

    ResponderEliminar