Que a mí también se me pone la piel de gallina cuando me susurran palabras rotas al oído, a mí también me molestan los días de lluvia sin mantita y peli, y me dan tanto miedo los relojes que nunca se paran pero separan como que se me enganchen los piercings en algo, o en alguien. Tarde como siempre, que correr por sus vías ya no me sirve. Sólo madrugadas de locos, rotos de nuevo, que sustituyen varias veces a la semana la almohada por abrazos ardiendo como clavos, pero sin dirección. Sólo respirar los minutos de algo que no te haga sentir tan horrible porque ya no tienes corazón. Tienes alma y con eso te sobra para convencerme de que me quede a tomar las últimas decisiones contigo, que sabes que me ponen las decepciones y odio que me ilusionen. Y que me doy cuenta de que a mí no se me quiere queriendo, y entiendo todo un poco más fuerte, como cuando te limitas a ignorar esa cicatriz que pica porque está curando, no vaya a dejar marca y la liemos. Y te dejes liar, no como este humo que se escapa entre mis dedos, creyéndose libre. Como si alguien pudiera serlo, de sus impulsos y de las cremalleras desgastadas de tanto bajar al infierno. A quemarnos o a dejar cenizas, lo de siempre. Pero a mí antes acuérdate de colgarme un "nada serio" en las pestañas, no vayas a hacerme reír de verdad y nos liemos, que los nudos salen fatal y yo no me pienso romper más.
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