martes, 1 de enero de 2013

Riégame.

Quien te quiere te busca y quien te necesita lo demuestra. Quien no te valora te ignora. Quien vale la pena se interesará por ti hasta en los detalles más pequeños, hasta en los momentos más inesperados. El problema es quien da todo lo que tiene y no recibe, pues se queda vacío, inerte y necesitado. Dolido. Por eso es por lo que quien ha sido herido por las personas tardará eones en volver a confiar en alguien de su especie.
Esto actuaría como el perfecto sesgo que separaría las personas necesarias de las que no. Este tipo de personas se traduce en las que luchan siempre por lo que quieren, y que, por una extraña alineación de los planetas, te quieren a ti.
No cabe duda de que una de las mejores sensaciones de nuestra corta existencia es sentirnos querido. Te da una sensación de estar haciendo algo bien, de tener un motivo para estar en el mundo o vivir en algún lugar concreto. Pero cuando te han querido tantas veces en falso, o no lo suficiente, te vuelves exigente porque a base de golpes comprendes que debes quererte a ti mismo sobre todas las cosas si quieres dejar de ser pisoteado por todo aquel que se pasea cerca de ti. Este amor propio desemboca en la incansable búsqueda de la persona que esté dispuesta a derribar tus barreras, a cruzar tierra, mar y aire por ti. Que quiera verte sonreír haga sol, llueva o caigan meteoritos, y que pare el movimiento que el mundo ejerce sobre ti para mover el mundo por ti. Esta persona se hará con todo un arsenal de maneras de fundir tu caparazón helado como si fuera agua resbalando por tu piel, y detrás de cada capa atravesada que represente una decepción se encontrará con un nuevo secreto desvelado únicamente para él. Y, tras mucho tiempo y esfuerzo, si esta persona ha aguantado con una sonrisa en sus labios y la esperanza pintada en su cara, llegará al fin a la persona que eras entonces, volverás a creer que existe un motivo por el que merece la pena seguir adelante, recuperar la confianza y dejarte leer. Dejarte querer. Querer.
Pero nada que merezca la pena conseguir viene y se queda con nosotros fácilmente. Necesitarás más cuidados que una persona no herida anteriormente, ser regada como la flor más delicada que creó la naturaleza en un lapsus de torpeza, y lo más importante, dejarse cuidar. Este será un camino duro para ambos, pero quiero creer que el amor todo lo puede
Puede que estas reflexiones suenen egoístas, desmoralizadoras, deprimentes. Pero la experiencia te hace tener más cuidado en el futuro, y prefiero ser exigente y confiar en alguien que está dispuesto a todo por mí antes que derretirme ante el primer buitre que me diga "te quiero" y más tarde se refiera a que quiere consumirme.
En cuanto a mí, derrumbar esas barreras y no dejar que reaparezcan es el perfecto interruptor para recibir lo mejor de mí sin excusas ni peros... Y para conquistarme de por vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario