miércoles, 4 de diciembre de 2013

Chained

Llevaba días dándole vueltas, y lo cierto es que no me quedé del todo convencida con mi última entrada, a eso de por qué soy tan yo con los tipos como tú. Y ayer pasó el día tan extraño, con tan pocas ganas, tan monótono... Hasta que me di una ducha y salir a despejarme entre risas y cervezas, y lo curioso es que hasta que no me despedí, hasta que no estuve sola en ese andén, el marcador marcó 10 minutos de espera parpadeando y resoplé con el alcohol recorriéndome, no lo vi claro. Ahí estaba delante de mí, hace ya mucho, pero yo nunca lo enfocaba. La insatisfacción, ese era y es mi problema. El no ser nunca suficiente, pero tampoco recibirlo. Pedir más y más a todo, a todos, y no encontrar nada que me calme. Mi autodiagnóstico me dicta que tengo como un agujero en el corazón por el que se precipita todo, sin filtro. Y el hecho de llevar años intentando sentirme llena de algo o de alguien no hace más que desgarrarlo, y así siempre, con esa exigencia que acaba desarmándolos a todos, haciéndoles tirar la toalla conmigo porque nadie puede ocupar del todo un lugar tan pequeño y tan roto. Me he distraído persiguiendo la historia perfecta que no existe, haciéndolo todo tan diferente pero tan misma mierda a la vez, por eso de que me cuesta callarme y no paro de exigir. Y suelo pensar que son ellos los que están demasiado vacíos como para contentarme... Si soy yo, que no sé encajar a nadie. Después de todo en algo tenías razón, igual no estoy hecha para ello, sólo para pasarme la vida drogándome con sucedáneos de felicidad, de amor incluso. Tirar piedras a lo que alguien se atrevió a construir conmigo y esconder la mano. Creerme mis propias películas y luego volver a quejarme y a perder la confianza en todo hasta que, pasado el tiempo de incubación reglamentario, a la mínima chispa le llame incendio. Y me queme por dentro un poco más, si es que no soy ya toda cenizas.

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