Me niego a seguir siendo carne de cañón, a los resbalones en jarras de cerveza que me rompen lo poco que me queda. A tratar de cortar el viento con tus manos. Reniego de las apariencias que me dejan siempre boqueando por no llegar nunca al final de nadie, o por llegar tarde. Tengo lo que he llamado impuntualidad sentimental (por si no era suficiente con la física y la mental) y la cabeza muy llena de mariposas cuyas madres son un poco putas, que en el estómago ya no me caben. Pero no importa, me quedan sólo 4 meses para salir volando, a ver si con suerte se quedan aquí contigo. Y aunque siga sin asimilar lo mucho que se puede vaciar a una persona hasta llegar al punto en el que no sienta nada, me parece que no me vendrían mal unas cuantas sesiones de eso. Que sí, que lo he vuelto a hacer. Lo de confiarme en la persona equivocada. Pero creo que la experiencia me sonríe porque he sabido desaparecer en el momento idóneo, me sorprendo. Y me doy tanto asco a la vez cuando me miro en el espejo con estas enormes ojeras, el pelo enmarañado y me abrazo a mis rodillas, como si ellas fueran a entenderme mejor que nadie o al menos pudieran hacer de clavo ardiendo por una noche. Que me he dado cuenta de que lo que mejor sé hacer es dejarme liar y perder la noción del tiempo. Me merezco un máster en desperdiciarme. Pero lo cierto es que no quiero seguir así. Y para ello tengo que alejarme de los monstruos como tú que no me dejan ver, aunque yo misma los haya creado (en esto tengo un doctorado), para dormir cuando no estés. Aunque se me vaya a hacer tan raro llorar a ojos abiertos, por una vez me gustaría hacer algo por mí. Quiero ser egoísta. No sé si esta vez funcionará pero... Creo que tengo posibilidades de salir a respirar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario