lunes, 30 de mayo de 2016

Los 15 días.

Por muy contradictorio que te parezca, a veces te echo de menos. Pero sin el a veces. Echo de menos tus manos bajando por mi espalda y tu respiración entrecortada. Tus ojos, críticos, recorriéndome. Tus expresiones y las que te quedaste mías. Ser la mosca en tu pared. El THC inundando nuestras ganas. Las estrellas mirándonos cuando no teníamos dónde escondernos, y cuando surcamos el cielo hasta la ciudad de las lucecitas rojas. Echo de menos esa habilidad para hacer de cualquier lugar en el mundo un rincón tan exquisito. De que me pareciera todo fácil, de que bajara la marea. Sentirme nada y todo a la vez bajo tus brazos. Extraño hasta la cuenta atrás de los días para vernos, marcados en mi calendario, que ahora me mira confuso. Ahora que ya no cuento los días para nada, sólo los dejo pasar. Día, noche, qué importa. Pero entonces recuerdo que estamos rotos. Que reventamos en mitad de esta autopista a ningún sitio de tanto dar de sí el amor, que resultó no ser elástico. Era rígido y frágil, y cuando miro al suelo sólo veo los trozos a mi alrededor, y me duele atravesarlos. Me duele preguntarme si estarás pensando en mí, y si en tu cabeza está teniendo lugar la misma obra de teatro en la que somos felices. Los recuerdos con los que Facebook me devuelve a todo eso que me encantaría volver a ser contigo. Aquí, ahora, hoy. En esta ciudad o en otro mundo. Y no odiar al aleatorio por reproducirte, ni a esta habitación por no contenerte ya más. No aguantarme las ganas de llamarte, de preguntarte cosas, de hacerte reír. No echarme a llorar sin razón aparente al despertar, al dormir, al respirar. No echarte de menos. Echarte de más. Vaya mierda.

No hay comentarios:

Publicar un comentario