martes, 21 de octubre de 2014

Etapas

Parece ser que no todas las sorpresas son buenas o malas. También las hay agridulces, buenomalas o simplemente indiferentes. Y yo la otra noche me sorprendí ordenando carpetas en el ordenador, y para variar encontré una de recuerdos tuyos. Y es que nunca se termina de borrar del todo una etapa, y menos a la persona que la vivió contigo. Pero la sorpresa no era la de encontrar aquella carpeta. No. Llegó cuando me descubrí pensando en ti como una etapa que forma parte de mí. Que no puedo odiar, ni querer, ni echar de menos. Simplemente aceptar que un día nos sentamos en el césped de Plaza España y tu me hacías fotos mientras yo me quejaba de lo espeso que estaba aquel smoothie del Burguer King. Y que ese día, como tantos otros, fuimos felices. Y está bien. Estuvo bien. Pero ya no somos esas personas, ni volveremos a serlo nunca más. Por casualidad o por capricho el destino nos juntó un 21 de julio, y estoy orgullosa de poder decir que lo exprimimos hasta la última lágrima.

Hoy, después de más de un año, cuando miro esas fotos ya no me rompo. Sonrío como quien encuentra su juguete preferido de cuando era niño, porque sabe que pertenece a un tiempo que aunque ya no pueda revivir siempre será una parte importante de su vida. Que recuerda haberse sentido invencible junto a él. Y yo era esa niña que cuidabas y que te quiso más que a su propia vida, por la que mataste monstruos y conquistaste lados derechos de la cama. Pero ya no. He cambiado, he crecido, me he hecho algún que otro piercing y me he vuelto fuerte, fría dicen algunos. Y tú también. Ya no tengo la suerte de hablar contigo a diario, pero sé que no eres la misma persona. Y sí, eso también está bien. Estamos en otra etapa con caminos separados. Por fin lo he entendido. Y sólo me sale agradecerte todo lo que me hiciste sentir y esperar que tú también sepas verle el lado bueno. Desearte quizás no lo mejor, pero sí lo que sea más justo para ti. Y dejarnos atrás.

¿Y sabes qué? He conocido a alguien. No es como tú, aunque las comparaciones sean odiosas y muchas veces subjetivas, pero sabe encontrar esa pequeña pieza que me activa el mecanismo de la felicidad. Empieza a saberse mis qués, mis cuándos y mis por qués. Y joder, qué miedo todo. Estoy en ese tira y afloja en el que estabas tú cuando me conociste, en ese "no quiero nada serio". Y entonces apaga el porro con la mano derecha mientras me enreda el pelo con la izquierda, me convence sin abrir la boca, y las cosas se ponen serias. Y yo no quiero ponerme seria. No quiero darle a nadie más el poder de hacerme daño. No quiero subir a esa montaña rusa. Que yo no estoy hecha para ser el medio cítrico de nadie. Soy sólo yo y mis circunstancias. Bueno, y su piel a ratos. Y ahí es cuando me acojono el doble, por no poder sentir suficiente. Porque me está dando la posibilidad de destruirle, y creo que nadie debería quitarme el récord de heridas de guerra.

lunes, 1 de septiembre de 2014

Retales

Trece días para salir de aquí. Trece. Para huir esta vez más lejos, que los demonios me siguieron hasta Madrid y no han parado hasta derretirme en este verano traicionero. Que he cortado todas las cuerdas que me ataban. Que os he cortado, y me habré cortado yo también porque ya no siento nada por nadie. Nos movemos por puro interés, sensaciones, apariencias. Y empiezo a sentirme así, a reptar por todas esas cosas que me bloquean los sentimientos. A estar rodeada de gente bebiendo, fumando, riendo. Mirarles, y saber que no se puede confiar en ninguno de ellos. Sólo bailar. Posar para alguna que otra foto. Llegar a casa en la misma mierda de siempre y no dar ni devolver las buenas noches a nadie. No tener que dar explicaciones. No ser de nadie ni con nadie, en todos los sentidos. Todos te acaban vendiendo. Te traicionan, te arruinan lo que has conseguido por ti mismo y se plantan cada noche delante de ti. Y te sonríen. Sinceramente, que os den.

A día de hoy puedo decir que no pondría la mano en el fuego por nada, ni por nadie. Que en mi mundo sólo existo yo, estoy hueca por dentro. No tengo nada que ofrecer excepto cervezas y noches de bajar al infierno. Y sé que he hecho daño a algunas personas, pero no se puede dar algo que no tienes. Al menos yo puedo decir que voy con la verdad por delante, que soy libre. Que ya fui una vez de alguien y le di todo. Me entregué, pero empiezo a cogerle cariño a esta cárcel de puertas abiertas. A buscarme la vida y no la muerte, como hacía antes. A ser mi único problema y solución, porque no hay persona que naciendo cien veces me merezca.

domingo, 29 de junio de 2014

Disparos.

Hoy me he dado cuenta de lo caro que es el tiempo. De la forma en que nos pone contra la pared, nos da esos besos por el cuello que acaban en tragedia y cuando creemos haber tomado el control, despertamos y estamos solos. Mirando a la pared. Y nos damos cuenta de cómo perdimos el día anterior. Y el anterior. Y de cómo nos vendemos por trocitos de felicidad a corto plazo, de cómo ponemos excusas hasta que se acaba. Pero ya no tienes nada. Se te juntan el hambre y las ganas de dejar ir, de cómo rechazar algo que puedes tener y aceptar lo que nunca tendrás. Y este nudo en la garganta... Estas ganas de correr detrás que se me quedan en los labios y que luchan contra las ganas de huir del corazón. Los silencios. Las noches buscando señales en el gotelé que me encienden un cigarro cada vez que te pienso; los ojos cerrados, mojados, sin dormir. Las sirenas de policía ahí fuera que jamás te detendrían. Mi forma de enredarme porque sí, como los auriculares. Este torbellino en mi cabeza que no me deja avanzar. Y sus destrozos. Que más se perdió en Cuba me han dicho, pero cómo voy a pelear sola en una guerra de uno. Ya me he disparado suficiente entre los ojos mientras tú mantenías limpias tus armas. Las acariciabas igual que mi espalda, con esas dobles intenciones que nunca atendieron a razones. Instintos y soledad robada, aunque ahora me haya hecho con todo el motín. Y es que desde el principio supe el final, pero estaba demasiado ocupada poniéndome hasta arriba del presente.

miércoles, 18 de junio de 2014

Bucles

Ya no sé qué hacer para que el mundo deje de girar a mi alrededor mientras yo sigo en pausa. Llevo un tiempo leyendo que una vez que termina algo que has sentido de verdad, te pasarás el resto de tu vida buscando cualquier cosa que te haga sentir igual. Como hacerte resistente a los efectos de una droga. No terminaba de creérmelo, pero puede que me dé miedo admitir que llevo casi un año en ese mundo que dejé atrás aunque ya ni exista. Vivir esperando que algo llegue o que llene. Crear un concepto de vida llena de baches que no se alejen demasiado uno de otro. Y creer y volverse a decepcionar, ya no por creer que no soy suficiente, si no porque nadie llega a serlo. Que no. Que los juguetes rotos no se venden bien. Y llorar noche sí y mañana también, sentirte fuera de lugar porque cada vez menos cosas te hacen sentir viva. Qué tóxica era esa sensación, pero y lo que me gustaba. A mí siempre me ha encantado ser masoca, dar más de lo que recibo. Ser gilipollas en general. Pero y qué. Sigo en la misma mierda que cuando me fui pero con un olor cambiante. Y tengo a mis espaldas repeticiones de la misma historia, de "todo lo que podríamos haber sido tú y yo si no fuéramos tú y yo". Y todo lo que podría haber sido yo si no hubiera sido contigo. Puede que hasta feliz. O puede que alguien se hubiese encargado de lo contrario. Tampoco importa. Ahora mismo me siento como si me diese cabezazos contra una pared de cemento, como si tratase de guardar el viento en un bote. Estoy estancada y ni siquiera sé si quiero estar aquí, si esto es lo que quiero ser. Si merece la pena luchar tanto para no recibir respuesta. Si me he equivocado de tiempo, espacio y lugar o si soy un error en mí misma. Pero los días se van tachando en mi calendario y yo sigo aquí mirando al techo, fumando y matándome a canciones tristes. Porque creo que nací para ser triste.

sábado, 14 de junio de 2014

En cielo de nadie

Me despierto mareada, desorientada, oliendo a tabaco y alcohol barato. Las náuseas me hacen levantarme todo lo rápido que puedo y arrastrarme, tambaleando, hasta la puerta del baño. Cuanto menos ruido intento hacer, más fuerte me parece que suena todo, pero al fin llego y mi cuerpo trata de eliminar todas las penas que ahogué anoche. Respiro hondo y me miro al espejo para encontrarme con un chinote de grandes dimensiones en la camiseta, arañazos, ojos rojos, pelo enredado y un sabor en la boca que en conjunto me dan ganas de seguir vomitando. Aún así, me hace un poco de gracia hasta que empiezo a recordar el día anterior. Y es ahí cuando empiezo a sentirme estúpida por momentos. Y joder, resulta que las penas no se habían ahogado. Que sigo siendo la misma bala que disparaste al cielo pero nunca regresó; se quedó en las nubes pensando que subirías a buscarla y esperó tanto que al final esas nubes la atraparon. Y aquí estoy sin nada que perder, intercambiando minutos por excusas. Creyendo que alguien puede querer ser conmigo, si ya no me soporto ni me importa. Vendiéndome por orgasmos que hacen el papel de morfina cuando no puedo aguantar el roce de mis trozos por dentro, que ya me cansé de intentar unirlos. Me limito a autoconvencerme de que el que no quiera joderme en el buen sentido, al final lo hará en el malo. Bendita suerte la mía, o bendita predilección por las personas tóxicas, qué se yo. Lo único que tengo claro es que por mucho que se me repitan las historias, nunca le cogeré el truco a lo de no dejarme romper.

viernes, 2 de mayo de 2014

Renovarse o matar

Me niego a seguir siendo carne de cañón, a los resbalones en jarras de cerveza que me rompen lo poco que me queda. A tratar de cortar el viento con tus manos. Reniego de las apariencias que me dejan siempre boqueando por no llegar nunca al final de nadie, o por llegar tarde. Tengo lo que he llamado impuntualidad sentimental (por si no era suficiente con la física y la mental) y la cabeza muy llena de mariposas cuyas madres son un poco putas, que en el estómago ya no me caben. Pero no importa, me quedan sólo 4 meses para salir volando, a ver si con suerte se quedan aquí contigo. Y aunque siga sin asimilar lo mucho que se puede vaciar a una persona hasta llegar al punto en el que no sienta nada, me parece que no me vendrían mal unas cuantas sesiones de eso. Que sí, que lo he vuelto a hacer. Lo de confiarme en la persona equivocada. Pero creo que la experiencia me sonríe porque he sabido desaparecer en el momento idóneo, me sorprendo. Y me doy tanto asco a la vez cuando me miro en el espejo con estas enormes ojeras, el pelo enmarañado y me abrazo a mis rodillas, como si ellas fueran a entenderme mejor que nadie o al menos pudieran hacer de clavo ardiendo por una noche. Que me he dado cuenta de que lo que mejor sé hacer es dejarme liar y perder la noción del tiempo. Me merezco un máster en desperdiciarme. Pero lo cierto es que no quiero seguir así. Y para ello tengo que alejarme de los monstruos como tú que no me dejan ver, aunque yo misma los haya creado (en esto tengo un doctorado), para dormir cuando no estés. Aunque se me vaya a hacer tan raro llorar a ojos abiertos, por una vez me gustaría hacer algo por mí. Quiero ser egoísta. No sé si esta vez funcionará pero... Creo que tengo posibilidades de salir a respirar.

martes, 15 de abril de 2014

Sin salida

Podría pasarme las noches admirando el gotelé, cigarro en mano y cualquier fantasma en mente. Y no saber si pensar en qué o quién, o si pensar a secas. O ver 500 días juntos en bucle y convencerme de que todo lo que me parece bonito se suele quedar en triste, pero siempre lo veo tarde, como sus señales (de humo). Como si viviera una felicidad a medias paralela a todo el que me ocurre alrededor, como este porro que me sube y me seca los ojos. Y se me ponen verdes, así que su teoría no era cierta. Pero nadie lo es. Ni siquiera yo soy ciertamente lo que se espera de mí. Que a mí lo que me gusta es que su sudadera me cubra medio culo, y el otro medio sus ojos. Salir a quemar Madrid y arder entre sus dedos. Karaokes. Cervezas de nombres impronunciables medio vacías, pero vasos medio llenos de intenciones. Canciones que me saquen a bailar sin decir nada, que me acerquen un poco más a algo, que no me obliguen a dejarme morir en los baños de una discoteca. A chocarme por dentro, odiarme y quererme sin romper nada. A ser lo que quiera, pero no sólo yo. Y a dejar de luchar por un sitio que lleva meses ahogándome, que nunca ha sido para mí, del que no me dejan irme. Que esa boca era mi salida de emergencia.